¿Ley de amnistía o de amnesia histórica?

Tras la muerte de Franco en 1975, el miedo a un nuevo golpe de Estado y otra guerra civil estaban latentes en la sociedad española. A fin de romper con el pasado y dar paso al camino de la democracia, el consenso y la concordia, se aprobó con el respaldo del 93’3% del Congreso de los Diputados una ley de amnistía. Esta ley ampara todos Ios actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, tipificados como delitos y faltas realizados con anterioridad al día 15 de diciembre de 1976, los actos de igual naturaleza que tuviesen como objetivo el restablecimiento de libertades o la defensa de Autonomías. Los actos de la misma índole que no supusieran grave violencia o fuera contra la vida o integridad de las personas también quedarían amnistiados.

Los delitos de rebelión, sedición o delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos y libertades de las personas también gozarían de esa amnistía.

Es decir, la represión sufrida por el pueblo español durante la dictadura sería excusada por medio de una ley que propició la impunidad de los altos cargos del franquismo por sus delitos y violaciones de los derechos humanos. Nos encontramos ante una ley que buscaba romper con el pasado, olvidar los errores cometidos y hacer, como suele decirse, “borrón y cuenta nueva”. No podemos olvidar que la transición española se basa en el “Modelo de olvido absoluto del pasado”, pasando de unas Cortes franquistas que aprobaron su propia disolución a unas Cortes constituyentes en 1977. La idea del rey Juan Carlos I y Adolfo Suárez era el desmantelamiento del régimen de Franco por vías legales, por lo que se aprobó la Ley para la Reforma Política en 1976, teniendo el rango de Ley Fundamental siendo así la última del franquismo. Lo que se pretendía en este proceso era el equilibrio de fuerzas, es decir, de la derecha más conservadora a un centro-derecha político que abriera las puertas a futuras alternativas de gobierno desde un espectro más moderado.

Esta actitud de romper con todo lo anterior versa sobre el miedo que existía a un posible o de Estado por parte de los sectores más inmovilistas del ejército como en 1936 cuando comienza la guerra civil que dio paso a la dictadura del General Franco. Esto se cristaliza en la ya citada ley de amnistía que beneficia claramente a los integrantes del sistema franquista siendo ultrajante para las víctimas de la represión. Entre los amnistiados figuran los terroristas de ETA que presuntamente ejecutaron la llamada “Operación Ogro” en la que fue asesinado el almirante y presidente del Gobierno franquista Luis Carrero Blanco.

Treinta años después, en 2007, el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero aprueba la llamada Ley de Memoria Histórica que contempla la retirada de símbolos del franquismo como nombres de calles, monumentos, etc. Esta ley entra en suspensión en la primera legislatura del Partido Popular presidida por Mariano Rajoy (2011-2015) ya que es derogada de facto por falta de presupuesto para su aplicación. Esta ley que buscaba la compensación a las víctimas del franquismo no contemplaba la apertura de fosas comunes donde descansan los restos de personas ejecutadas por ambos bandos participantes en la guerra y posteriormente en la dictadura.

Desde sectores conservadores se critica esta ley alegando que se pretenden abrir heridas del pasado, pero lo cierto, es que esas heridas no se han curado. Las “dos Españas” siguen teniendo diferencias y cuentas pendientes. Las verdaderas víctimas del franquismo quedaron desamparadas tras la promulgación de la ley de amnistía de 1977 y en un vano intento por hacer justicia por esas personas nace la actual ley de memoria histórica intentando compensar a los afectados por la amnistía del 77.

Esta ley de amnistía pone de manifiesto una “Amnesia Histórica” y una negación del pasado sin precedentes en la historia de España salvo por el Decreto-Ley firmado por Franco en 1969 por el que prescribían los crímenes cometidos antes del 1o de abril de 1939. España es un país experto en recordar los errores de su pasado, como con el “Desastre” de 1898 en el que se perdieron los restos del imperio de ultramar en una guerra abierta contra Estados Unidos. En aquella ocasión España perdió, en el caso de la guerra civil, los sublevados ganaron e instauraron una dictadura fiel a sus ideales.

Alemania, un país con un pasado tormentoso, ha sabido aprender de sus errores y condenar su pasado sin olvidar de donde viene. Aunque los nazis perdieron la guerra, son los propios alemanes, quienes votaron a Hitler, los que dijeron “Nunca más” y lo recuerdan con vergüenza y respeto. No podemos olvidar el pasado para no volver a cometer los mismos errores. Como dijera George Santayana, “Aquellos que no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo”, por lo que no conviene hacer oídos sordos a lo que una vez pasó. España tras la muerte de Franco debió hacer un ejercicio de autocrítica y condenar el golpe del 36 que llevó nuestra nación a una guerra fratricida que traumatizó a generaciones.

La dictadura franquista fue un régimen que persiguió a miles de personas por pensar de forma distinta a la que “debía ser”. Un régimen que terminó al terminar la vida del dictador por causas naturales. Un régimen que nos recordó que la historia la escriben los vencedores, no los vencidos.

 

Artículo escrito por Eduardo Mancilla, estudiante de Derecho con Ciencia Política y Administración Pública en la Universidad Autónoma de Madrid.

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