La prostitución intelectual

1984-1956-05-g_dia odiAunque sea un término no recogido en lugares de referencia, si oímos prostitución intelectual y en base a la definición de una y otra palabra, se podría deducir que consiste en la cesión a otra persona del intelecto de una prostituida con el fin de satisfacerla.

Partiendo de que significa algo así habría que diferenciarlo del trabajo intelectual por cuenta ajena, en el que se compra y maneja el intelecto de la persona para el fin que al empresario convenga, a cambio, normalmente, de una compensación económica. Por el contrario con la prostitución intelectual el raciocinio de la persona es controlado, poseído y manipulado al gusto por los intereses de alguien.

La frase anterior, bien comprensible en el funcionamiento de una máquina, aparentemente sería imposible en un humano, pero fijémonos en la televisión, en los medios de comunicación, en la publicidad, en las revistas, en las películas, etc. Me refiero a todos los agentes de socialización que no son personas físicas. Son estos (y cada vez más) los que ocupan gran parte del tiempo diario de una persona media, y por tanto, son una fuente vital para el desarrollo del individuo. En ellos se aprende y forma los sueños de la persona, se crean las ideas que luego marcarán su conducta, a través de los anuncios principalmente se asocian bienes y servicios que llevan aparejados la felicidad y además, se crea la idea del hombre o mujer exitoso que gira, siempre, en torno a la riqueza y posesión de bienes materiales y la belleza. Y nos vendemos a ello, aceptamos que nos controlen qué tenemos que comprar, qué tenemos que buscar, qué tenemos que intentar llegar a ser.

Aun así, como reflejan sociedades ficticias como la descrita en 1984, o sociedades reales esclavas del totalitarismo ya sea estatal o incluso religioso, hasta los pensamientos y las ideas de la gente pueden ser propiedad de otros que lo manejan a su antojo, pero la diferencia entre estas y la prostitución intelectual es que ésta última se realiza por voluntad propia y buscando un fin.

Si nos aferramos a la teoría, la prostitución trae a cambio una compensación económica. ¿No es el éxito y la felicidad que se venden en la publicidad, en los personajes principales de las películas, en los “triunfadores” esta compensación?

¿No es mucho más fácil vender nuestro intelecto y aceptar que se nos imponga unas creencias y unos valores junto a una idea de éxito como objetivo en vez de ser nosotros los que los busquemos la nuestra propia?

¿No sería muy diferente si las personas buscásemos nuestros modelos de éxito y tuviéramos un espíritu crítico respecto a los valores y creencias siendo nosotros los dueños de nuestro intelecto?

Gonzalo Sanz Simontalero es estudiante de Sociología y Ciencia Política (UC3M) y de Geografía e Historia (UNED)

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